Se nos marchó el abuelo.
Esta frase, susurrada en mi oído por Enrique,
hijo de nuestra Juana, mientras me daba un abrazo con las lágrimas saltadas,
ponía expresión hablada al sentimiento generalizado de pesar, de incredulidad,
de estupor ante lo que nos resistíamos a admitir. Antonio Cruz, para todos
nosotros “el abuelo”, ya no estaba entre nosotros. La tristeza, el llanto, el
desconsuelo y una sensación enorme de vacío, se habían apoderado de todos
nosotros.
Se nos ha ido de repente. El sábado estaba lleno
de vitalidad, como siempre, disfrutando y haciendo disfrutar a los que le
rodeaban con su energía y sus ganas de vivir, con su buena disposición, con su
forma de ser, siempre activo y servicial. El domingo se marchó sin hacer ruido,
en un visto y no visto.
Con su marcha, nos embarga a todos un
sentimiento de orfandad. Deja un hueco imposible de llenar, se ha marchado la
excelente persona, el amigo, el compañero y con su ausencia se cierra una de
las páginas más hermosas del Coro Amigos del Rocio, la que él quiso y supo
escribir a lo largo de muchos años dedicado en cuerpo y alma al Coro de sus
amores.
Hoy, la Cigüeña de la Rocina lleva en su
pico, como valiosísimo presente a la Pastora, tu enorme y generoso corazón, ese
corazón que allá donde se encuentre seguirá latiendo por y para nosotros, tu
familia y amigos.
Un beso, Antonio. Te queremos.
